martes, 13 de enero de 2009

UN DÍA CUALQUIERA


Un día cualquiera te levantas de la cama. Vas a la cocina, haces el desayuno y te sientas tranquilamente a disfrutar de una humeante taza de café y una tostada recién hecha. Abres el libro por la última página que leiste anoche antes de caer rendido en la cama. Saboreas la historia como ese trozo de tostada que masticas lentamente. De vez en cuando miras de reojo el reloj, no sea que te metas tanto en la historia que se te haga tarde. Rascas los minutos hasta que ya no puedes estirarlos más. Se acabó, el día comienza. Una ducha rápida y al autobus. No quieres salir de la pequeña burbuja que has creado, tu momento preferido del día se acabado pero te empeñas en alargarlo hasta el último momento. No quieres oir las conversaciones ajenas, quieres prolongar ese dulce momento de soledad matinal, de vacío, de ser uno mismo y nada más. Sacas los auriculares y, por arte de magia, con el primer acorde de una guitarra, la burbuja vuelve a cubrir tu mundo. Ya no hay nada más, solo tú y la maravillosa historia que estás leyendo. A veces incluso solo tú.

1 comentario:

jsorta dijo...

Y quizá esa burbuja que parece tan efimera, sea el único verdadero trozo de realidad que tengas en el día, porque es en esas burbujas donde te encuentras contigo mismo. El resto son cosas ajenas que se empeñan en vendernos y a veces imponernos como algo de valor.

Una vez leí en un libro que uno de los personajes reflexionaba algo así: "... quizá en esto consista la felicidad, en poder hacer un alto, en poder parar..." Creo que es verdad. A veces nos atropellamos a nosotros mismos.

Gracias por estas hermosas reflexiones. Me hacen recordar cosas importantes que alguna vez creí saber.

Un beso.