
Sientes frío. Un sudor gélido recorre tu cuerpo. El vello de tus brazos se pone de punta. Aquella frase se repite una y otra vez, como una larga letanía. Sientes la boca seca, no puedes respirar. El estómago anudado dentro de tu piel.
Y una y otra vez aquella sensación de soledad recorre tu cuerpo como un fuerte veneno. Recuerdas todos esos momentos que un día te hicieron reir y hoy sólo te hacen llorar. Todas aquellas veces en que una simple sonrisa llenaba el día, aquellas veces en que una sola mirada bastaba para decirte que no estabas sola.
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